LOS TRASTORNOS DE ANSIEDAD

 

El gran Charles Darwin, padre de la teoría de la evolución, tardo casi 20 años en presentar su trabajo a sus pares. La mayor parte del tiempo se encontraba incapacitado para trabajar y solo podía hacerlo con esfuerzo, durante una o dos horas por día. Sufría lo que en esa época se diagnosticaba como neurastenia y ahora se conoce como ataque de pánico.

Este problema junto con otros que analizaremos más adelante, forma parte de lo que genéricamente se denomina trastornos de ansiedad. Por supuesto que ahora, esos trastornos son mucho más conocidos y mejor diagnosticados que en la época de Darwin. En la mayoría de los países avanzados entre el 20 y el 30% de la población tiene la posibilidad de desarrollar alguna de sus variedades, considerándose una de las enfermedades propias del siglo XXI.
Lo cierto que la ansiedad no es una enfermedad en sí misma, sino solo una emoción más, como lo son la ira, la tristeza o el miedo, y por lo tanto, como las demás, cumple con una función pro-supervivencia clara y precisa, por lo menos a nivel del mundo natural.

Esta emoción se debería desencadenar solo cuando consideramos que el entorno presenta algún peligro potencial. El cuerpo y la mente se sitúan en un estado de alerta y prevención, con el fin de enfrentar rápidamente ese peligro, si se hace realidad. Lo normal es sentir ansiedad ante estímulos determinados, como por ejemplo un examen, cruzar una calle muy transitada, encontrarnos con una nueva pareja, una entrevista de trabajo, dar una conferencia, etc.

La emoción se transforma en disturbio emocional, cuando se desboca y aumenta, tanto en su intensidad, como en su frecuencia de presentación, o en su duración. Puede así resultar incapacitante para el individuo, que siente que ha perdido el control de su vida, como en el mencionado caso de Darwin.
Los desencadenantes actuales son muy diferentes a los del mundo natural, y tienen su origen, principalmente en la inseguridad social, económica y familiar. Para la mayoría de los seres humanos, este nuevo mundo artificial que nosotros mismos hemos creado, la extraordinaria velocidad y eficiencia de las comunicaciones, aumentó aún más los disturbios de ansiedad, al informarnos constantemente y de igual manera, sucesos peligrosos que ocurren en distintos lugares del mundo.

Esto hizo que lo que era un mecanismo adaptativo, se volviera obsoleto, convirtiéndose en un problema que en lugar de ofrecernos soluciones, nos ocasiona deterioros físicos y emocionales, pudiendo en algunos casos llegan a ser muy nocivos.

Los trastornos de ansiedad más comunes son:

• Ataque de pánico: ante estímulos que objetivamente no son amenazantes, acompañado de una falta total de control de la situación. Sus síntomas son palpitaciones, sudoración, opresión, inestabilidad, mareos, escalofríos, miedo a morir entre otros.
• Fobia: Es un estado de ansiedad que se dispara ante situaciones específicas como viajar en avión, tomar un ascensor, ir al dentista, acercarse a un animal determinado, etc. Se caracteriza porque la persona busca toda clase de escusas, para evitar el contacto con la situación u objeto temido.
• T.O.C. (Trastorno Obsesivo Compulsivo): Persistencia de obsesiones con respecto a la enfermedad, la sociedad o al desorden, cosas que el individuo tiende a evitar compulsivamente. Los síntomas son, tendencia a limpiar, a ordenar, a confirmar que se ha apagado la llave de gas o se han cerrado bien las puertas, todo ello de forma repetitiva y compulsiva.
• Síndrome de estrés post-traumático: Recuerdo de un acontecimiento traumatizante, como una guerra, un accidente, una violación o un robo, ante estímulos desencadenantes. Se caracteriza por sueños vividos sobre el acontecimiento traumático, respuestas físicas de estrés y tendencia a evitar lugares, personas y objetos que estén relacionados directa o indirectamente con el trauma.
• Trastorno de ansiedad generalizada: Sentir ansiedad intensa por lo menos por seis meses. Los síntomas son insomnio, dificultad para concentrarse pesadillas, tensión muscular, fatiga crónica, irritabilidad, pensamientos obsesivos.
• Como se puede ver, la característica de todos estos trastornos, es que si bien puede existir algún estímulo exterior que los ocasiona, el real problema no radica en el mundo exterior, sino en el propio mundo interior. Son los mismos pensamientos de las personas los que actúan en su contra, al amplificar el mecanismo de la ansiedad una vez desencadenado, cuando en realidad deberían cumplir con la función contraria: detener el mismo una vez comprobada la ausencia de un peligro inmediato.

Las esencias Florales nos aportan herramientas que nos ayudan a transitar, entre otras emociones, estos tipos de trastornos y si bien hay que contemplar cada situación en particular, recomendaríamos de base:

Impatiens (Sistema Bach): Ansiedad ante la espera.
White Chestnut (Sistema Bach): para los pensamientos de preocupación
Lavender (Sistema de California): por su acción sedante
Boronia (Sistema de Bush): Libera de ideas obsesivas
y Rosa de la Paz (Sistema de Rosas para el Alma): en caso de que la ansiedad produzca la pérdida de la perspectiva y nuble el razonamiento

 

Foto de Instituto Integral Quilmes.