Enfermedades Psicosomáticas

Veamos que se entiende por enfermedad psicosomática, éste término se acuño para denotar las dolencias del cuerpo de origen mental en 1818 por el Dr. G. R. Taylor.
La denominación tradicional de enfermedad psicosomática designa a toda una serie de procesos patológicos que deben su causa directamente a factores psicológicos perturbadores y significativos como duelos, pérdidas, sentimientos de ira, resentimiento, soledad, abandono, desolación, incertidumbre, miedos y síntomas que le pueden acompañar como el estrés, la ansiedad, la depresión, angustia etc. Dichos factores y síntomas determinan una activación inadecuada del sistema inmune, neurovegetativo y de las glándulas endocrinas que, de repetirse pueden llegar a provocar alteraciones funcionales y anatómicas en los sistemas orgánicos.
A mediados del siglo pasado, se aceptó y se consideró algunas enfermedades como psicosomáticas, tales como la úlcera, el asma, la hipertensión emocional etc.; pero en siglos anteriores, ciertas enfermedades como la epilepsia, ésta era considerada como una posesión demoníaca, las plagas, la lepra como castigos divinos, la lepra era condición de indignidad y discriminación, ésta última hoy está representada por el Sida; hoy aún la mayoría de los enfermos y agentes de la salud siguen considerando a la enfermedad como algo absolutamente no propio, les es difícil comprender, atreverse a pensar que la enfermedad, cualquiera sea ésta tenga un sentido para quién la porta y también para quienes tratan de curarla como agentes de la salud.
Si analizamos la etimología en que derivó en la palabra “psicosomática” encontraremos que “soma” nos refiere a cuerpo físico, “psico” deviene de psique o alma (de la relación del mito de Psique y Eros); sin embargo cuando se habla de lo psicológico se tiene solo en cuenta al estudio consciente e inconsciente del comportamiento de la personalidad, olvidando u obviando el profundo sentido original que contiene y expresa en su complejidad el término “Psicosomático”.
Este nivel de complejidad de lo “psicosomático” alude en sí mismo al nivel de conjunto del Ser expresándose en una totalidad indivisible: cuerpo, mente, alma y espíritu.
Dentro de esta totalidad interviene el devenir histórico personal, con sus circunstancias y argumento de vida. Entonces el cuerpo material es el “escenario” en el que se proyectan las imágenes mentales, el Yo es el “protagonista”, el inconsciente el “guionista” y el alma “el director”, él único que conoce la obra completa, y el “espíritu” es el que contempla el desarrollo de la trama en puente de unión entre lo divino y lo terrenal, el microcosmos y el macrocosmos de un acontecer superior.
Esta idea cuaternaria del Ser humano “contempla” cuatro aspectos indivisos. Es interesante el simbolismo de la palabra “contemplación”, la primer sílaba “con” significa: juntos, unidos; “templum” era en su origen una zona del cielo que observaba el augur a fin de lograr sacar de las alturas conclusiones para la vida terrena. El significado primitivo de contemplación era la unión entre el templo superior en el cielo y el templo inferior en la tierra.
El cuerpo, es la encarnadura necesaria para la expresión material del Ser, esta forma material es mortal y transitoria.
La mente, regenteada por el Yo, es lo que nos permite transitar los pasos a seguir en la vida terrenal; es quién da cuenta de un quienes somos y funciona como un regulador selectivo de los elementos que quedan en lo consciente, subconsciente e inconsciente. La mente es de carácter transitorio y mortal; aunque actualmente se está planteando una teoría revolucionaria sobre la llamada “memoria celular”, esta portaría información ancestral a través de una generación a otra de una misma raíz genética.
El alma, es inmortal y atemporal, es nuestro Ser Real, o Superior. Es antes, durante y después del yo, es el nosotros preontológico; la transhistoria como le acuña el escritor y filósofo Marcos Aguinis. Es nuestra entidad rectora como lo describe Edward Bach y su finalidad es conducir al hombre en la búsqueda de la perfección.
El espíritu, es la chispa, soplo o aliento divino, cohesiona, fusiona con el Todo.
Volviendo al concepto particular de psicosomático, esto nos lleva a plantearnos que el objeto de estudio y observación de esta disciplina debería tener en cuenta al ser humano en toda su dimensión. Que no hay algunas enfermedades psicosomáticas, sino que todas lo son, desde un accidente aparentemente ocasional, hasta una enfermedad congénita, por lo que deben ser tratadas de manera interdisciplinaria, ya que resulta imprescindible el trabajo del médico especialista tratante, y su complementación con la Terapia Floral, que actúa sobre los distintos estados emocionales que padecen aquellas personas que sufren este tipo de trastornos.

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