La Flor más bella del árbol

Había una vez en una ciudad de Oriente una gran biblioteca a la cual acudían sabios de todas partes a consultar alguno de los cientos de miles de libros, papiros y tablillas que allí se encontraban. El Responsable principal de la Biblioteca pertenecía a la quinta generación que se responsabilizaba por el orden y seguridad del lugar.
De pequeños, los hijos de esa familia sabían que posiblemente trabajasen luego allí. Para ellos, los pasillos, escaleras y escondites del edificio, eran el patio de juegos donde pasaban sus días. También al ser más grandes, solían participar de las clases dictadas por sabios en las aulas de la Biblioteca sobre temas tan variados como la astronomía, la filosofía, las matemáticas o las ciencias.
La costumbre era que el Bibliotecario eligiese a uno de sus hijos para continuar con la labor. Así fue como eligió a su primogénito llamado Akbar. Un joven inquieto, interesado por participar de cuanta clase fuera dictada en la Biblioteca, conocedor del último rincón del edificio, y con la capacidad para ser paciente a la hora de buscar algún ejemplar perdido.
El día en que el padre le entregaba las llaves de la Biblioteca, transfiriéndole la responsabilidad a su hijo, apareció un Sabio buscando un pequeño libro antiguo titulado “La flor más bella del árbol”. El joven nunca había escuchado hablar de ese libro. Inmediatamente ordenó a sus ayudantes en tal y cual lugar. Pero el libro no aparecía…
El padre pacientemente aguardaba en la entrada de la Biblioteca junto al Sabio. Pasaron unas tres horas, y ambos compartían un té y reían amistosamente. Eran viejos amigos, y el padre le había pedido que participase de la entrega de las llaves de la Biblioteca a su hijo.
Cuando ya comenzaba a caer el sol y las expectativas de encontrar el libro se habían cerrado, apesadumbrado el joven bibliotecario se acercó a su padre y al hombre sabio:
“Miren, no hemos podido encontrar ese libro. Hay muchos con títulos parecidos pero ese no lo hemos visto. Continuaremos buscando mañana”.
“No hay problema querido bibliotecario”. Dijo el Sabio – “continuaremos…”
Preguntó el padre “Hijo, ¿Has visto el árbol que está en flor allí, en los jardines de la biblioteca?”
“Ah sí”, respondió el hijo. “Está muy lindo. Claro estamos en primavera ya…”
Prosiguió el padre, “¿Y has visto sus flores? ¿Recuerdas el nombre que buscas?”
“Si, se titula: La flor más bella del árbol”
“Pues allí está el libro, enfrente tuyo. Siempre recuerda que todos los libros escritos, y aquellos que pueden escribirse no son la Vida. Y que para descubrir la verdad no basta con leer libros, necesitas salir al Mundo y descubrir, encontrarte con la Verdad. Solo somos custodios de Señales…”
“Gracias padre!”
Y el Sabio dijo: “Además todas las flores son bellas, si buscas la flor más bella dejarás de verla.”
Los tres rieron e invitaron a los ancianos y al joven con una taza de té.
Reflexionemos…
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Foto de Instituto Integral Quilmes.